Este felino doméstico de ojos cristalinos procede del antiguo
reino de Siam, lo que hoy es Tailandia. En sus orígenes fue muy
querido por la familia real tailandesa, ya que eran las únicas personas
autorizadas a tener este minino como mascota.
Al gato siamés se le consideraba puro y
sagrado (se creía que el animal recibía el espíritu de determinadas personas
cuando fallecían) y los ejemplares se paseaban a su aire por las estancias de
palacio.
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